La vida
Seguir adelante es bonito y duro. Pero es lo grande de la vida, que ves como cambia, momentos en los que a veces te encuentras arriba, otros en los que no eres capaz de mantener un nivel tan alto y no te queda más remedio que luchar por mantenerte.
Ahora son momentos para luchar por mantenerme, pero qué demonios todo es magnífico. Hasta los ventipocos estás avanzando, viendo como vas pasando cada curso en el colegio, el graduado escolar, pasar el bachillerato, la selectividad, la carrera, tu título. Y luego qué, pues comienzas los altibajos, amigos que vienen, se van, cambian, evolucionan de manera diferente a ti y luego está tú mismo, no tienes más remedio que pasarte todo el tiempo haciendo balance, qué es lo que compensa, que tienes en un lado que pesa más que lo demás y que te impulsa a tomar decisiones por ti mismo y a estar solo ante el peligro. Un reto cada día que no te da tregua y que no te deja dormirte en los laureles.
Sabes que no llevas ni la mitad de la vida vivida, a lo sumo una tercera parte y sientes como que te apetece parar, quedarte así el resto, pero la verdad es que queda tanto por vivir. Los padres envejecen, enferman, dejan el trabajo de su vida, aquel que escogieron cuando eran más jóvenes que tú. Hay que añadir la concienciación nueva de estar preparado para el cambio inesperado.
Sin más, no hay más que empezar que todo comienza y que debemos seguir retándonos.
Ahora son momentos para luchar por mantenerme, pero qué demonios todo es magnífico. Hasta los ventipocos estás avanzando, viendo como vas pasando cada curso en el colegio, el graduado escolar, pasar el bachillerato, la selectividad, la carrera, tu título. Y luego qué, pues comienzas los altibajos, amigos que vienen, se van, cambian, evolucionan de manera diferente a ti y luego está tú mismo, no tienes más remedio que pasarte todo el tiempo haciendo balance, qué es lo que compensa, que tienes en un lado que pesa más que lo demás y que te impulsa a tomar decisiones por ti mismo y a estar solo ante el peligro. Un reto cada día que no te da tregua y que no te deja dormirte en los laureles.
Sabes que no llevas ni la mitad de la vida vivida, a lo sumo una tercera parte y sientes como que te apetece parar, quedarte así el resto, pero la verdad es que queda tanto por vivir. Los padres envejecen, enferman, dejan el trabajo de su vida, aquel que escogieron cuando eran más jóvenes que tú. Hay que añadir la concienciación nueva de estar preparado para el cambio inesperado.
Sin más, no hay más que empezar que todo comienza y que debemos seguir retándonos.

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