El tiempo no vuelve
Ya han pasado
bastante años, sería una tarde de julio o agosto en una ciudad
insulsa del norte de Francia. No podría decir dónde.
Después de muchos
kilómetros estábamos de regreso de un largo viaje y probablemente
atraídos por su nombre reconocido o su catedral paramos justo antes
del centro en una ribera del canal. Por suerte era ya una cierta hora
de la tarde y el parking era gratuito.
Ya estaba nublado
pero nos arriesgamos a salir y pasear por el centro sin paraguas ni
chubasquero. Tras toparnos con la típica ciudad francesa sin ningúne
tipo de vida más allá de las 6 de la tarde y no ver nada especial
en la ciudad decidimos volver. Y comenzó a caer esa lluvia sin
intensidad pero constante y de gotas pesadas que poco a poco te va
calando. A tiempo encontramos una caja de cartón junto a un
contenedor de basura y con un cartón en la cabeza volvimos felices a
pesar de perder el coche y habernos desorientado considerablemente.
Ahora llueve de
vuelta de mis compras en el supermercados, aunque esté a casi 2 000
kilómetros de aquel sitio, es exactamente al misma lluvia de aquella
inestable tarde de verano aunque esta vez no tenía el trozo de caja
de cartón que me permitiera andar bajo la lluvia sin preocupaciones…
Sólo hay dos cosas que son ciertas y no podremos cambiar: Moriremos
y el tiempo pasado nunca volverá.
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